Salí a pescar con dos de mis cebos favoritos: longueirón y cangrejo.
Me decidí por montar longueirón sin valvas. Monté cuatro gametas y en cuestión de 10 minutos, cuatro lances, cuatro sargos. Había demasiada actividad de otras especies, lo que me impedía tener el cebo a remojo el tiempo suficiente para tentar a las doradas. Cambié de cebo y monté unos cangrejos de tamaño medio, para intentar evitar que los sargos y otros peces me atacaran el cebo. ¡ INCREÍBLE ! pero cada vez que lanzaba me comían los cangrejos, sargos, panchos... una raya que clavé recogiendo... Era impresionante la actividad que tenia el pescado, pero ni rastro de las doradas.
Así que decidí pasar a la "artillería pesada" y montar cangrejos grandes para poder tener los cebos el máximo tiempo posible a remojo. Aún así de vez en cuando notaba algún tironcillo en los punteros, que hacia que se me disparase la adrenalina al verlo, pero no se trataba de doradas. Recogía los cangrejos y les faltaba alguna pata o venían muertos de las picadas de otras especies, pero estaba claro que les costaba más morder semejantes ejemplares de cangrejos. Aunque tenia que reponer cebo antes de lo habitual, mi intuición me decía que si pasaba alguna dorada, no haría ascos a tal manjar.
Cerca de la pleamar, en cuanto dejó de tirar la corriente, noté una picada en una de las cañas. La cogí en la mano y percibí como algo mordisqueaba el cangrejo pero no me dió opción de clavar. Se trataba de una dorada con toda seguridad pero creo que el cangrejo se le hizo demasiado grande. Puse otra gameta que ya tenia preparada, lancé y en cuestión de cinco minutos, en el mismo lugar que antes, ¡ otra picada ! Cogí la caña y noté como mordisqueaba el cangrejo. Estuvo un rato comiendo y cuando me pareció oportuno, ¡ clavé ! Tuve la suerte de no fallar para poder disfrutar de su pelea.
Cerca de la pleamar, en cuanto dejó de tirar la corriente, noté una picada en una de las cañas. La cogí en la mano y percibí como algo mordisqueaba el cangrejo pero no me dió opción de clavar. Se trataba de una dorada con toda seguridad pero creo que el cangrejo se le hizo demasiado grande. Puse otra gameta que ya tenia preparada, lancé y en cuestión de cinco minutos, en el mismo lugar que antes, ¡ otra picada ! Cogí la caña y noté como mordisqueaba el cangrejo. Estuvo un rato comiendo y cuando me pareció oportuno, ¡ clavé ! Tuve la suerte de no fallar para poder disfrutar de su pelea.
A juzgar por cómo comió, mi intuición me dice que se trataba del mismo ejemplar de la primera picada.
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